Publicado el 19/10/2008 por Ramiro Guzmán en suplemento “Cultura Rock” (Diario La República)


“Sobre la palma de mi lengua vive el himno de mi corazón”, cantaba Miguel Abuelo. Ese llamado de autenticidad define al buen rock and roll. Allí donde dialogan el corazón y la cabeza, y los artistas expresan sus posiciones y hasta sus contradicciones.

El rock and roll, cuando se permite a si mismo una dulce ingenuidad, es una de las más poderosas cunas de autenticidad. Eso encontramos en “Capicúa”, el primer disco de Pedro Restuccia, auténtico incluso en no disimular las influencias, en particular la de Luis Alberto Spinetta. Habla de Pedro Restuccia.

¿De quién te voy a hablar si no? se pregunta el músico, tras mostrarnos el lugar en que hoy percibe a su vida -a los veintidós años- luego de atravesar lo que él llama “el mar de lo difícil”. Es el fin de la adolescencia y el comienzo de la adultez.

Es lindo encontrar jóvenes que izan la bandera del arte proponiendo aventuras sonoras que enriquecen nuestra mirada sobre el mundo y nos ayudan a vivenciar nuestro camino. Aventuras sonoras que nos recrean el idealismo cotidiano, ése que nunca es tan puro como quisiéramos, lleno de callos y caries. Ése que nos va viviendo mientras morimos, que chisporrotea locurillas, que nos reconcilia con el espejo.